Shimizu – Monte Fuji desde un crucero

Visitamos Centro del Patrimonio Mundial del Monte Fuji de Shizuoka

10 de octubre de 2025

Bienvenidos a un nuevo artículo de la serie sobre nuestra experiencia en Corea del Sur y Japón a bordo de un crucero. Después de visitar Nagoya, hoy exploramos Shimizu.

Desde las 5:30 de la mañana pudimos ver el Monte Fuji desde el balcón de nuestro camarote. En Japón el sol sale muy temprano en verano. El Monte Fuji destacaba en el paisaje, era inconfundible. Aunque no era un día muy claro, ahí estaba ante nosotros asomando entre las nubes. Fue una de las llegadas a puerto más bonitas por lo espectacular que es el Monte Fuji. En persona es mucho más impresionante que en fotos. No es una montaña más del paisaje—llama realmente la atención cómo despunta en el horizonte. Hemos tenido la suerte de contemplar muchos paisajes desde un crucero, pero nunca habíamos visto algo así.

Antes de llegar a puerto sabíamos que en Shimizu no había Uber, así que pensamos que la mejor opción era el tren o una excursión privada, ya que las excursiones de la naviera eran bastante caras. La naviera ofrecía un transfer gratuito desde el puerto al centro de la ciudad.

El Puerto de Shimizu, situado en la prefectura de Shizuoka, es considerado uno de los tres puertos más bellos de Japón. Su fama mundial se debe a las espectaculares vistas del icónico Monte Fuji, que domina el horizonte en días despejados. Este puerto natural no solo es una importante puerta comercial y pesquera—famoso por la descarga de atún fresco—sino también un popular destino turístico. El paisaje se complementa con el cercano pinar de Miho no Matsubara, declarado Patrimonio de la Humanidad, creando una estampa japonesa clásica muy singular.

Al llegar al puerto tuvimos un poco de incertidumbre. Había bastante oferta de excursiones privadas; incluso te abordaban para explicarte todo lo que podías visitar y llevaban carteles con las rutas. También había una parada de taxi, pero nos preocupaba que a la vuelta no hubiera taxis disponibles.

Nuestro objetivo era ir al Centro del Patrimonio Mundial del Monte Fuji de Shizuoka. Al final decidimos coger el transfer que nos llevó al centro de la ciudad. Desde allí fuimos a una estación de tren para informarnos. Cogimos dos trenes: uno que nos llevó a Fujinomiya, donde hicimos transbordo a Shizuoka.

Luego, caminando unos 10 minutos, se llega al Centro del Patrimonio Mundial del Monte Fuji. Es difícil equivocarse en este último tramo porque había grupos de personas que habían pensado lo mismo que nosotros.

El Monte Fuji, el pico más alto y emblemático de Japón, está situado en la isla principal de Honshu. Nuestro objetivo en esta escala de crucero era verlo de cerca. Para conocer a fondo el Monte Fuji—su historia, cultura y naturaleza—elegimos visitar el Centro del Patrimonio Mundial del Monte Fuji de Shizuoka, ubicado en la ciudad de Fujinomiya. Diseñado por el famoso arquitecto Shigeru Ban, este centro destaca por su edificio de madera en forma de cono invertido que se refleja en un estanque, evocando la imagen del Monte Fuji. Es muy moderno.

En su interior, una rampa en espiral de 193 metros simula el ascenso a la montaña, mostrando paisajes y escenas que cambian a medida que subes. Está muy logrado: la luz es tenue y, conforme avanzas, las paredes se convierten en pantallas que proyectan videos a gran velocidad de los paisajes cambiantes de la montaña—desde los bosques de la base hasta la cima rocosa—creando una peregrinación virtual a través de las estaciones.

Las distintas plantas albergan exposiciones detalladas sobre la formación volcánica del Fuji, su ecosistema y su profunda conexión con la fe y el arte japonés.

El recorrido culmina en una espectacular terraza de observación con vistas directas y despejadas del verdadero Monte Fuji. El día que fuimos estaba un poco nublado y no pudimos ver con claridad el Monte Fuji, pero nos sentimos muy satisfechos de la visita a este museo. Aprendimos mucho, sobre todo que el Monte Fuji es más que una montaña.

Otra forma de ver el Monte Fuji es ir a Miho no Matsubara, un pinar legendario a lo largo de la costa, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Se puede llegar en unos 20–30 minutos en taxi o autobús local desde el puerto. Por eso lo descartamos, ya que no había muchos taxis.

Para una vista elevada, considere visitar el centro comercial S-Pulse Dream Plaza, ubicado en el puerto. Desde sus pisos superiores o la noria se puede disfrutar de una panorámica excelente.

Invertimos casi toda la mañana en esta excursión. De regreso, volvimos a la parada del transfer del barco. Como nos sobró un poco de tiempo, entramos a un centro comercial que estaba al lado, aunque era bastante pequeño comparado con los que visitamos en escalas anteriores.

Regresamos al barco para comer. Esa noche era especial porque en el teatro hacían el espectáculo de despedida del crucero, ya que al día siguiente llegábamos a Tokio.

El espectáculo de fin de crucero es la gran despedida en el teatro principal. Reúne a todo el elenco de artistas—cantantes, bailarines y músicos—en un popurrí con los mejores números de la semana. Coreografías enérgicas, éxitos de Broadway y baladas emotivas se entrelazan en una celebración inolvidable. Cada naviera lo adapta a su estilo, pero siempre suelen ser muy entretenidos.

Presentado por el director de crucero, este show es el «hasta pronto» oficial de la tripulación. Desfilan desde el capitán hasta los camareros; toda la tripulación se va alineando en el teatro. Ahí te das cuenta de todo el personal que hay detrás de un crucero. Es una última noche de aplausos y magia, diseñada para dejar a los pasajeros con el recuerdo más espectacular de su aventura en alta mar.

Aunque un poco tristes porque faltaba poco para terminar el crucero, estábamos ansiosos por llegar a la última escala: Tokio. Siguiente artículo: Tokio Parte I – Ginza, Akihabara y Asakusa